Les coloco un post de su blog....
Señor futuro Presidente electo:
No sé muy bien cómo decirle esto, pero debe saber que yo desconfío de usted. Nada personal. En realidad, desconfío de todos los de su estirpe. Para ser sincera, con cada elección que me toca vivir me voy poniendo un poco más escéptica o, lo que es peor, indiferente, frente al futuro. Tengo la creciente sensación de que da lo mismo quién se siente en el sillón de La Moneda. Que todo va a seguir igual. Que las promesas serán cumplidas a medias, que los pobres seguirán siendo demasiados, los ricos más ricos y la gente disconforme. Excepto al final del período cuando, milagrosamente, la popularidad del Presidente, la suya, se dispare a la velocidad del rayo gracias a ciertas maniobras financieras.
Lo siento, pero mi convicción es que usted y los de su especie no tienen ningún interés en mi bienestar ni en el de nadie ya que el ser político es esencialmente egoísta. Un espécimen con ansias de figuración. Si me permite hablar con toda franqueza, creo que de no ser por su ego intelectual y su adicción al poder, usted y los suyos habrían sido espléndidos animadores de televisión, personajes de farándula o quizás hasta actores de teleserie. Y esto lo digo sin ánimo de ofender. La diferencia fundamental radica en que el político busca ser admirado y el rostro de TV, adorado. Las luces son a uno lo que la banda presidencial es al otro. Y finalmente todos quieren lo mismo: aplausos, portadas, reconocimiento, calmar el ego insaciable. Nada de solidaridad, empatía, conciencia de las necesidades colectivas (lo que se espera de quien representa los intereses de la mayoría).
Yo he visto a colegas suyos pisoteando al del lado para salir en una foto, haciendo el ridículo para obtener pantalla y contando off the record cosas incontables. Así que, dígame, señor futuro Presidente electo, ¿Cuántos políticos habrán escogido su carrera pensando en hacerse famosos? Lo siento, pero soy pesimista y estoy desencantada. Yo y muchos más, como ya habrá notado. Y desconfío. Los rostros de la tele no hacen creer que van a cambiar la Constitución, conseguir trabajos dignos para todos y mejorar la democracia. Usted sí. Y ni siquiera es entretenido verlo por las noches, antes de dormir.
Mi voto de hoy no es para usted. Tampoco para su adversario. Mi voto me lo guardo para el día en que recobre la fe. Por mientras, me conformaría con no tener que molestarme en ir a hacer dibujitos en la papeleta. El voto voluntario. Pero como sabemos, eso tampoco ocurrirá. Al menos, no esta vez. Como verá, mi incredulidad parece irremediable. ¿Podrá usted hacer algo al respecto?
Fuente: http://blog.latercera.com/blog/cpulido/entry/se%C3%B1or_presidente